Editorial

Zapala también alentó en los Juegos Olímpicos

Los argentinos volvieron a copar y a hacer sentir la pasión por los colores en Río de Janeiro. A las medallas conseguidas por la delegación argentina hasta acá, se suman miles de compatriotas que hicieron lo posible para estar cerca de la acción. Entre ellos, un puñado de zapalinos.

Por Sergio Garro

Del 8 al 14 de agosto pasado tuve la oportunidad profesional de asistir y vivir de cerca los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Además de disfrutar a la enésima potencia los choques de básquet, handball, beach volley y sesiones de atletismo por mi carácter de periodista deportivo, tuvo un condimento extra producto de la grata compañía de mi padre.

Desde el momento que uno se deleita con las imágenes aéreas llegando a Río de Janeiro, ya sabe que va a vivir un momento difícil de olvidar: era mi primera salida del país, y en el marco de los primeros juegos en América del Sur. Nada podía ser mejor a esa altura. El clima tropical, las playas de arenas blancas, el idioma portugués que con el paso de los días se convirtiendo en un aspecto sonoro casi habitual en nuestro recorrido. Todos eran condimentos que se sumarán a las anécdotas con familiares, colegas y amigos.

¿Argentinos? Muchos. Copacabana era casi la sede oficial del color albiceleste disperso en varios puntos de Río para alentar a la delegación nacional en las diferentes disciplinas. Con el puño apretado y un “vamos Argentina, carajo” te distinguían entre la marea humana con la casaca de nuestro país. Argentinos que volvieron a tener un nuevo cruce de palabras y siempre dentro del folclore, con los locales. Que luego del Mundial 2014 se quedaron con la cargada eterna por el 7 a 1 contra Alemania, y en cada sesión que jugaba uno de los nuestros había una camiseta amarilla hinchando por el rival de turno.

El Juego Olímpico que tiene un aroma especial. Que es incluso más grande que un Mundial de Fútbol, porque es el Mundial de los Mundiales y están los mejores deportistas de todo el mundo. Donde confluyen miles de costumbres distintas que se empiezan a hermanar con un saludo, o una bebida a la orilla de la playa, con un sol radiante que promedia en los 25 grados la temperatura por la mañana, y en invierno.

Y no sólo de Juegos Olímpicos vive Río de Janeiro, sino de sus históricos sitios turísticos como son El Cristo Redentor o el Pan de Azúcar. En el primero de ellos estuvimos, después de aguardar hora y media para subir al tren que te deposita en el pie del Cerro Corcovado para emprender la caminata de 222 escalones que te separan del objetivo. El estadio Olímpico Engenhao fue otro gustazo que nos dimos para presenciar la sesión de atletismo y ver un nuevo record del mundo en 10.000 metros femeninos. Y así, podría seguir durante varias líneas más… Ver en vivo a la Generación Dorada de Básquet con Ginobili y compañía, Los Gladiadores, la clásica Avenida Atlántica llena de vida sea cual sea la hora en que la transites.

Cuesta no caer en la simpleza de la autorreferencia al narrar una vivencia de este tipo, pero no encuentro otra forma de hacérselos llegar, y desear que nuestros lectores también tengan la oportunidad de vivirlas personalmente. Sin lugar a dudas, viajar te abre la mente. Te da la opción de conocer nuevas costumbres, culturas, y formas de vida. Actividad que cualquier persona debería tener la chance de hacer por lo menos una vez en su vida dentro de sus posibilidades.

Autor: Sergio Garro

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